miércoles, 12 de diciembre de 2012

Don Localizote y el ansia de networking

Se dice, se afirma, se comenta... que el networking en el mundo traductoril es muy importante y Don Localizote ha tenido la suerte de experimentar sus infinitas bondades recientemente. Conocer y tratar con compañeros de profesión no solo hace que te sientas menos solo y que puedas compartir tus frustraciones del día a día, sino que además puede ser una fuente de posibles trabajos puntuales, sobre todo cuando se empieza.

Sin embargo, desde hace unos días, nuestro amigo Don Localizote ha comenzado a plantearse seriamente los límites que esa "ansia de networking" debería tener. ¿Estamos ante un caso en el que todo vale? ¿O deben nuestros esfuerzos de networking tener sus reglas? ¿No tienes mejores cosas en las que pensar, Don Localizote?

Pues no, porque desde hace un par de semanas, a través de uno de esos portales de traducción que todos conocemos, aunque no nombraré cuál, nuestro hidalgo ha estado recibiendo continuamente (ya va por el quinto o el sexto) mensajes masivos de una de sus compañeras de profesión, que lo insta a él y a otros traductores, insistentemente, a añadirla a Skype para "conectar mutuamente". ¿Que para qué? Pues para colaborar juntos, intercambiar experiencias y recomendarse el uno al otro, supuestamente.

¿Y qué hay de malo en eso? Pues, en principio, nada, salvo que dicha persona ni se presenta, ni dice a qué se dedica (lo tuve que buscar en Google) ni tampoco dice por qué quiere estar en contacto contigo. El estilo de los mensajes es: 

Asunto: Me gustaría contactar contigo
Mensaje: Añádeme a Skype para que podamos estar en contacto.

Asunto: Intercambiar experiencias y recomendarnos el uno al otro
Mensaje: Me gustaría establecer contacto con aquellos que aún no me han añadido a Skype.

Todo ello seguido del contacto de esta persona en Skype. Y dice Don Localizote, ¿acaso ahora nos dedicamos a asaltar a la gente que nos cae simpática por la calle pidiéndoles su dirección y teléfono? No, ¿verdad? ¿Pues por qué eso debería de ser válido en la red?

Ni qué decir tiene que, si te apetece hacer contactos en la industria, algo totalmente lícito, por supuesto (todos lo hacemos alguna vez), lo primero que tienes que hacer es presentarte, decir lo que haces y expresar las razones que te han llevado a intentar establecer ese contacto. Todo lo demás, al menos a ojos de Don Localizote, es spam.

Así que, por favor, estimada XXX (seguro que eres capaz de reconocerte por los mensajes de arriba), si estás leyendo esto, cuando intentes contactar con otros profesionales que no conoces de nada, mantén un grado mínimo de educación y profesionalidad, y envía tus solicitudes como es debido. Hasta que no lo hagas, al menos en lo que respecta a mí, tus solicitudes irán a la papelera de mi correo electrónico. Y no te digo esto por privado porque el portal en cuestión no me permite contactar contigo directamente: no creas, que ya lo he intentado.

Y ahora, todos a "networkear", ¡pero con dos dedos de frente!


martes, 27 de noviembre de 2012

Don Localizote y los juegos online III

Y llegamos, pasito a paso, a la última entrada que Don Localizote nos prometió sobre los juegos online... Hemos hablado ya del alcance y la vida del producto, del testeo y de las sorpresitas de final de mes que a veces nos regalan este tipo de juegos.

En esta entrada, se va a dedicar nuestro hidalgo a divagar sobre la flexibilidad del traductor y de los baches culturales que se ha encontrado a la hora de traducir este tipo de productos y, además, nos hablará de un tema que Sergio Núñez Cabrera, autor del blog "La Piedra Translatofal", abrió en los comentarios de la primera entrada de esta serie: el volumen de trabajo de este tipo de juegos y los pros y los contras que este tiene tanto para traductores en plantilla como para traductores autónomos. Me ha pedido Don Localizote que mencione que, algunas cosas de las que va a decir al respecto, no son más que su opinión personal e intransferible, y que, por otro lado, todo depende también del sistema de trabajo de cada empresa. Él nos hablará, simplemente, desde su experiencia.

¡Comencemos pues a hablar de los juegos online, que es a lo que hemos venido!

LA FLEXIBILIDAD DEL TRADUCTOR

En este apartado, Don Localizote nos va a ofrecer una ventaja y un inconveniente que tiene la traducción de los juegos online. ¿Por dónde quieres que empiece? ¿La ventaja? ¿El inconveniente? ¡No te oigo! Pues nada, como me gusta ser positivo, hablemos primero del inconveniente.

La compañera de Don Localizote intentando traducir un juego de construir jardines.

Inconveniente

Este inconveniente está íntimamente relacionado con el primer punto de la primera entrada de esta serie, el que habla sobre el alcance del producto. Como ya hemos visto, en un juego online pueden reunirse las gentes más variopintas e hispanohablantes del planeta... pero también, a veces, las gentes más variopintas a secas. Muchos juegos online ofrecen, además de servidores locales (por ejemplo uno en España, otro en Francia y otro en la Antártida para el disfrute de los pingüinos), otros servidores llamados globales, en los que normalmente se reúne gente de varios países. ¿Y en qué afecta esto al traductor?

Pues en que este tipo de juegos ofrecen al jugador, normalmente, un sinfín de posibilidades de juego (solos, en parejas, en grupos, en clanes...) y NO todos los jugadores tienen por qué hablar el mismo idioma. Por ello, un traductor de juegos online puede verse obligado, en ocasiones, a dejar determinados nombres sin traducir, como por ejemplo los de los enemigos, los de otros NPC o los de lugares dentro del juego (con la consiguiente pérdida del cabello por su parte). ¿Para qué? Para que si tú, desde tu casa, estás jugando a la versión española del juego y tienes a tu vecino Totoro (sí, tengo la película justo aquí delante y no se me ocurría otra cosa, qué pasa :-P) jugando contigo desde Tokio, podáis poneros de acuerdo en ir a la "Monster Island" para matar a la "Horrible witch", por ejemplo. De lo contrario, lo que podría suceder es que tú terminaras en la "Isla de los Monstruos" y tu compañero de equipo en la "Isla de los Ministros" (que ambos empiezan por M pero no siempre son lo mismo).

Esto, dependiendo del juego, puede resultar a veces tremendamente conflictivo, puesto que en ocasiones surgen en la historia personajes, objetos o lugares reales de especial relevancia en una determinada cultura y que tienen su traducción en ella. Se acuerda Don Localizote, por ejemplo, del caso de "Colón" en un juego de piratas, que en español debía quedarse como Columbus porque era un NPC común a todos los servidores, con la consiguiente pérdida de la referencia al personaje histórico.

Ventaja

En lo que sí es flexible el traductor en este tipo de juegos con respecto a los juegos en soporte físico, es en la corrección de posibles errores cometidos en la traducción. Que sí, que los traductores nos equivocamos...

En un juego en soporte físico, si un error ha logrado esquivar el proceso de traducción, el proceso de revisión, el proceso de testeo y el proceso de corrección, y ha conseguido llegar a la versión final del producto, ahí se queda para toda la vida (y para el pesar del traductor).

Sin embargo, si erramos en un juego online, como está vivo y se actualiza constantemente, siempre podremos rectificar el error, de manera que la calidad del producto va mejorando con o sin prisa, pero sin pausa.

BACHES CULTURALES

Este punto también está directamente relacionado con el alcance del producto (¡qué puñetero!).

Si nunca has jugado a ninguno probablemente no lo sepas, pero en este tipo de juegos se suelen celebrar determinados "acontecimientos". Por ejemplo, si es un juego de granjas, tendrás que cultivar flores para regalárselas a tu madre en el "Día de la Madre"... y cosas por el estilo.

El problema que esto tiene, es que no todo festivo celebrable en un país tiene sentido en otro, así que muchas veces te llegan actualizaciones del juego con inocentadas en abril, limpiezas de primavera o el mismo Día de la Madre una semana después de a lo que tus congéneres están acostumbrados...

Este problema tendría distintas soluciones, desde hacer acontecimientos neutros hasta separar totalmente unos servidores de otros, pasando por la más habitual... que es inventarse la traducción.

Pues sí señores, cuando te llega un texto sobre inocentadas en abril, ni qué decir tiene que es totalmente inviable presentarlo en España como tal, puesto que puede que:

1. El jugador se te enfade pensando que te estás burlando de él.
2. El jugador se eche unas buenas risas a tu costa pensando que eres tonto y te has equivocado de fecha.

No pocas veces Don Localizote y sus secuaces tuvieron que echarle imaginación para inventarse un texto que, sin salirse de lo que propone el juego, explicara un acontecimiento completamente creíble y lógico para un jugador hispanohablante.

Mención aparte merecen los "objetos" intraducibles, que pueden resultar perfectamente comunes en el idioma/cultura del que proviene el juego pero que poco sentido van a tener en el localizado, como por ejemplo las Strandkörbe o los Maibaum. Con esos, poco se puede hacer más que mencionar que aportan un toque exótico al juego... Por supuesto, lo ideal sería no introducirlos o hacerlo solo en los servidores relevantes, pero eso es algo que, según la experiencia de Don Localizote, no se hace.

¿Silla de playa? ¿Sillón playero? ¿Habitáculo de las arenas? ¡Que en España no se estila esto, oiga!

EL VOLUMEN DE TRABAJO

Como ya se dejó entrever en las dos entradas anteriores, el volumen de trabajo de un juego online puede ser muy variable. En general, es siempre un goteo constante de pequeñas tareas que, como mucho, no llegan más que a unos cuantos cientos de palabras. Sin embargo, suele haber también, cada cierto tiempo, grandes actualizaciones con nuevo contenido, nuevas funciones, reestructuraciones de alguna función o simplemente rediseños casi totales del juego (sin mencionar las sorpresitas de fin de mes de la segunda entrada, que pueden ser muy muy grandes, o muy muy pequeñas). Esta doble faceta de los juegos online los hace poco menos que impredecibles a la hora de planificar los recursos.

Por supuesto, generalmente suele haber un "plan" (sí, entre comillas porque la mitad de las veces son planes sin una planificación real y sí, eso existe) y las grandes actualizaciones están, de algún modo, previstas (aunque luego el plan casi nunca se cumple: vienen más o menos palabras de las que se previeron, se retrasa o se adelanta la fecha, se cambian objetos o conceptos por cuestiones de derechos de autor, se olvidan archivos, se envían archivos que en realidad no hay que traducir... y podría seguir, cual Buzz Lightyear, hasta el infinito y más allá). 

Esta imprevisibilidad de los juegos online los hace, en opinión de Don Localizote, un producto extremadamente difícil de localizar por medio de un equipo exclusivamente externo. Utilizar tan solo recursos internos también puede, dependiendo del tamaño de la empresa, resultar inviable o poco productivo, pero siempre podría haber opciones. Veremos ahora lo que lleva a Don Localizote a extraer esta conclusión:
  1. Un localizador en plantilla está ahí siempre, dispuesto a traducir lo que se le presente a la empresa y, dado que no tiene otros clientes, las prioridades de sus demás tareas pueden adaptarse con relativa facilidad a imprevistos de última hora. Sin embargo, a la hora de las megaactualizaciones, probablemente un traductor en plantilla no tenga la capacidad de encargarse del flujo de tareas diario de la empresa y, además, de esas 30 000 palabras que hay que entregar la semana que viene obligatoriamente.
  2. Un localizador externo, tal y como comentaba Sergio en los comentarios de la primera entrada, si trabaja para una empresa de juegos online con regularidad, tiene asegurados al menos unos ingresos todos los meses, puesto que el goteo de tareas no cesa. Unos meses tendrá más, otros menos y, cuando lleguen las megaactualizaciones, hará su agosto. Sin embargo, la otra cara de la moneda es que, con el flujo y volumen de trabajo de los juegos online, se hace muy difícil la combinación satisfactoria de un cliente así con otros posibles clientes, puesto que si surge algo urgente e imprevisto y estás con una tarea de otro cliente, tendrás varias opciones:
    • Rechazar el encargo y dejar que otro ocupe tu lugar (con el consiguiente riesgo de que este sea incluso mejor y más barato que tú). Esto supone además, para la empresa, un consumo de recursos extra, ya que si uno de los traductores externos no está disponible, tendrá que contactar con otro, y luego con otro y con otro, hasta dar con uno que pueda encargarse de la tarea. Y, mientras tanto, el tiempo pasa, la fecha límite se acerca, el tiempo hábil para la localización del texto en cuestión se acorta y todo eso puede repercutir negativamente en la calidad de la traducción. En el peor de los casos, la empresa podría no encontrar un traductor a tiempo, lo cual desembocaría en tener que retrasar la actualización y, quizá, en la consiguiente pérdida de dinero.
    • Ir y decirle al otro cliente que se tiene que esperar un poco porque tu cliente habitual tiene algo urgente. Algo que, obviamente, NO se debe hacer.
    • Aceptar el encargo y no dormir, ni comer, ni ducharte, ni nada... y todo ello para que al final igual quedes mal con ambos clientes.
Lo ideal, según Don Localizote, sería la combinación de recursos externos e internos. Traductores en plantilla que tengan la flexibilidad suficiente (tal y como nos ha demostrado la moza de más arriba) para encargarse de los imprevistos que puedan surgir y un buen grupo de apoyo externo que pueda encargarse de las tareas más voluminosas (siempre con un posterior control de calidad interno). El uso exclusivo de un equipo externo no es algo imposible de alcanzar (y como he dicho más arriba probablemente dependa del sistema de trabajo de cada empresa), pero sí mucho más difícil de mantener en cuanto a recursos, hasta tal punto que Don Localizote no cree que merezca realmente la pena si lo que se desea es un producto de calidad siempre a tiempo y sin riesgos.

Y COLORÍN, COLORADO, ¡ESTE CUENTO SE HA ACABADO!

martes, 13 de noviembre de 2012

Don Localizote y los juegos online II

Nos hace partícipes hoy Don Localizote, tal y como prometió, de la segunda entrada sobre las especificidades (qué palabreja, por Dios) de la localización de juegos online. Hoy nos hablará del testeo en este tipo de juegos (léase: cómo nunca jamás acabarás de testear) y sobre las sorpresas que te albergan a menudo a final de mes (por si no tuvieras bastante con los sustos de tu cuenta corriente). Hablando hoy con él (a través de nuestro teléfono verde, porque el rojo estaba ya cogido), me ha comentado que planea, señores (¡sí!), una tercera entrada. Así que cuando leas esto, ponte cómodo en tu sillón y sigue translateando hasta la semana que viene, que vendrá cargada con cuestiones que surgieron en los comentarios de la entrega anterior y que, por supuesto, Don Localizote no va a dejar de contestar.

Pero ahora, Localizote, ¡a tus zapatos (no pega, lo sé)! ¡Cuéntanos lo que sepas sobre los juegos online!


TESTEO DEL PRODUCTO

El proceso (resumido) de localización de un juego en soporte físico podría quedar, idealmente, tal que así: traducción > corrección > implementación > testeo > (re)corrección > lanzamiento. Con el lanzamiento, termina el proceso.

El proceso de localización de un juego online, es, por el contrario, el siguiente: traducción > corrección > implementación > testeo > (re)corrección > lanzamiento > actualización (que, a su vez, se compone de traducción, corrección e implementación) > testeo > actualización > testeo... y así hasta el infinito o hasta que el juego estire la pata.

Como se puede ver, el proceso de testeo en los juegos online no acaba y, mientras que en un juego en soporte físico ayuda, entre otras cosas, a que la terminología y la traducción en sí terminen formando, finalmente, un todo homogéneo en cuanto a coherencia (tal y como se dijo en la entrada anterior), el proceso de testeo en un juego online ayuda no solo a mantener la coherencia con lo antiguo, sino en ocasiones también con lo que aún está por llegar. Esto, como vemos, añade al proceso de localización un consumo ingente y prolongado de recursos en lo que se refiere al testeo, lo cual resulta una verdadera carga pero, a la vez, es algo completamente necesario si se quiere mantener la calidad lingüística del producto más allá de las dos primeras actualizaciones.

Sin embargo, no todo es negativo en el proceso de testeo de juegos online, ya que en ocasiones puede existir la magia del testeo on the fly, algo que dudo mucho que pueda darse en el proceso de localización de juegos en soporte físico (que alguien me corrija si me equivoco, no vaya a ser que esté mintiendo como un bellaco). Con abrir un navegador y hacer un simple clic, puedes llegar a ver tus traducciones ipso facto, si es que el desarrollador se toma la molestia de hacértelo posible, claro está. Si quieres más información sobre el testeo en general, pincha aquí.


SORPRESITAS DE FINAL DE MES


¿Has leído lo que Pablo Muñoz cuenta acerca del crunch time en esta entrada? ¿No? Pues no sé a qué esperas...

¿Ya? ¿Lo has leído? Pues bien, imagínate que tienes una especie de crunch time con el mismo juego todos los meses. ¿Que no te lo crees? Pues sucede, amigo mío, y no solo en tus peores pesadillas. A ver, que levante la mano alguien que sepa decirme la característica más obvia de un juego online gratuito... ¡pues claro, que el que lo desarrolla no gana money, money con el juego en sí! Pero eso no quiere decir que la empresa se dedique a desarrollar por amor al arte...

Normalmente, el método de monetización de estos juegos son las microtransacciones por medio de la venta de objetos, funciones o características que te hacen avanzar más rápido en el juego o te proporcionan un determinado beneficio. Estos "bienes" (no se me ocurre otra palabra que englobe todas las posibilidades) suelen lanzarse paulatinamente en las distintas actualizaciones, las cuales se realizan en determinados intervalos de tiempo.

¿Pero qué pasa cuando estamos a finales de octubre y la empresa no ha alcanzado su objetivo de facturación con un determinado juego? ¡Pues actualización y por tanto localización urgentísima que te crió porque hay que lanzar un objeto chachi piruli para que los jugadores se vuelvan locos y se pongan a comprarlo como churros!

¿Y qué es lo que pasa cuando trabajas en una empresa que tiene diez juegos online? Pues que si tres de ellos no han alcanzado ese objetivo, te vas a encontrar con tres maravillosos pseudo-crunch times juntitos y revueltos... ¡Qué vidorra la de los localizotes!


¡LA SEMANA QUE VIENE MÁS!


miércoles, 7 de noviembre de 2012

Don Localizote y los juegos online I

13 entradas van ya desde que Don Localizote se decidió a contar sus vivencias en esta humilde bitácora. 13 temas que ha comentado (¡vergüenza!) sin ni siquiera hablar un poquito sobre lo que más le atañe a él en el mundo de la localización, esto es, los juegos online y, más concretamente, los juegos online cuya plataforma es exclusivamente el navegador. Esta "forma de jugar", relativamente nueva (con permiso de los señores iPhone y demás teléfonos inteligentes o tabletas), no ha sido muy comentada desde el punto de vista traductológico hasta ahora (al menos que Don Localizote sepa).

¿Por qué? Se pregunta Don Localizote. Pues ni idea, se responde a sí mismo, pero ya va siendo hora de que alguien hable de algunos de los aspectos que caracterizan la traducción de este tipo de juegos y las dificultades que entrañan. Imagínémonos, pues, a nuestro Don Localizote, sentado frente a dos pantallas de ordenador: en una su herramienta de traducción abierta y en la otra un puñado de diccionarios y el juego en sí. Pensemos, por un momento, qué le puede pasar por la cabeza, qué cosas debe tener en cuenta y, sobre todo, qué limitaciones se encuentra en su camino... ¿Pensemos? ¡Qué va! ¡Deja de pensar y sigue leyendo, que ya nos lo cuenta todo él!

ALCANCE DEL PRODUCTO

El número de ordenadores personales supera ya los mil millones en todo el mundo. El número de usuarios de internet asciende ya al 32,77 por ciento de la población mundial. Esto, unido a la estimación de que en este momento hay unos 7000 millones de personas en el mundo, hace que existan casi 2300 millones de personas que son potenciales usuarios de nuestro juego en la red. Naturalmente, serían menos los que podrían entenderlo, pero dado que el español es la tercera lengua más utilizada en internet, podemos deducir que "un buen puñao" de ellos elegiria la versión de Don Localizote.

¿Que a qué viene todo este baile de cifras? Pues sirve tan solo para ejemplificar que, a pesar de que todo producto está dirigido a un público específico (y de eso no se escapan ni los juegos de Don Localizote) y, por lo tanto, las necesidades de localización vendrán marcadas por ese público, es evidente que la adaptación y corrección del producto localizado, en el caso de los juegos online que encima son gratuitos (los conocidos F2P), deben ser lo suficientemente neutras como para que el juego sea aceptable y comercializable en cualquier parte del mundo, para cualquier hablante de la lengua en cuestión y teniendo en cuenta cualquier bagaje cultural. Todo usuario de internet es un posible cliente en el ámbito de los juegos online gratuitos y eso no se puede obviar a la hora de localizar el producto.

Pero... ¿no es esto una contradicción en localización, en la que el producto debe estar adaptado hasta el último detalle? Pues en cierto modo sí, pero cualquier otra solución ajena a la localización relativamente neutra del producto es inviable en casos como el español, por su amplia gama de dialectos, países y hablantes.



VIDA DEL PRODUCTO

Cuando se traduce un juego en soporte físico, sea cual sea este, el proyecto, por lo general, termina. Esto no sucede así en un juego online. Cuando llega el producto al equipo de localización, se incuba y se mima hasta que este nace. Una vez sacado a la luz, el juego evoluciona: se añaden cosas, se corrigen errores, se suprimen funciones o se amplían o se rediseñan... En fin, las posibilidades son infinitas y todo eso sucede SIN que el juego deje de estar disponible para el usuario en ningún momento. Esto acarrea ciertos problemas en cuanto a su localización...
  • Problemas de coherencia terminológica: pongamos que el proyecto de localización de un juego en soporte físico dura cinco meses. El localizador, durante esos cinco meses, tendrá que intentar mantener la coherencia durante el proceso de traducción. Un montón de tiempo, ¿verdad? ¡Menos mal que existen las memorias de traducción! Si se escapa alguna incoherencia (que seguro se escapará si es un juego medianamente grande), muy probablemente podrá subsanarse en el proceso de testeo (si es que este existe, que debería). Por el contrario, el localizador de un juego online no tendrá que intentar mantenerse coherente durante cinco meses, sino durante los dos años, o tres o diez que dure la vida del juego en cuestión, lo cual resulta, lógicamente, mucho más difícil. ¿Es imposible? No, puede lograrse, pero como es lógico la inversión de recursos debe ser mayor en todas las fases del proceso de localización y, sobre todo, en la del testeo, como veremos en la próxima entrada.
  • Problemas de selección de terminología: imaginaos que en un juego alemán tenéis que traducir la palabra Skills y, para ello, se te abren varias opciones (destrezas, habilidades, talentos). Eliges "habilidades". Tres meses más tarde, se añaden al juego las Fähigkeiten, que en el contexto del juego son distintas de las Skills. Les pones "destrezas". Al mes siguiente, se añaden los Talente, también distintos. Les pones "talentos", pero de pronto te das cuenta de que en realidad las Fähigkeiten deberían ser Skills, porque pegan más con el contexto actual (que no olvidemos que se ha ido desarrollando con el paso de los meses). Luego introducen las Fertigkeiten que siguen siendo un concepto distinto a los tres anteriores... y entonces ya decides suicidarte porque te faltan palabras para tantos conceptos (historia basada en hechos reales). El caso es que cuando el juego está vivo, nunca sabes qué es lo que va a venir después, por lo que al seleccionar la terminología siempre debes tener cuidado de que sea lo más exacta posible para ese caso y has de dejar vía libre para la utilización de falsos sinónimos por si en algún momento los necesitas... que los necesitarás.


¡LA SEMANA QUE VIENE MÁS!



lunes, 22 de octubre de 2012

Don Localizote y la maldición del formulario

¡Riiiing, riiiing!

Don Localizote, con el ceño fruncido y la baba cayéndosele de la comisura del labio, alarga la mano y golpea con fuerza a su peor enemigo... ¡el despertador! Lentamente, va incorpórandose mientras intenta abrir los ojos, luchando contra el rayo que se está colando por la ventana y que lo ataca sin piedad alguna. ¡Qué delicia la hora del despertar!


Ya con las zapatillas puestas y cambiadas de pie, se tambalea con dificultad hacia la cocina para prepararse su cafelito matutino. Acto seguido, cual zombi recién salido de los laboratorios de Umbrella, deambula hasta su minidespacho y se deja caer sobre el sillón. Comienza un nuevo día de promoción y marketing a través de la amplia red que es Internet.

Un par de palabras clave en San Google y encuentra los resultados que busca. ¡Clientes! ¡Oh, sí! Comienza a abrir páginas mientras le da un sorbo a su café, ya medio frío, y un mordisco a la magdalena. Miles de migas caen sobre su teclado, pero él está demasiado adormilado como para prestarles atención y, lentamente, se van colando entre las rendijas que separan las teclas.

Ojea una página tras otra y, según lo hace, va decidiendo si sigue adelante con la presentación de sus servicios o no. En esto, se encuentra con una perfecta: buena presentación y muy adecuada para el perfil de Don Localizote. ¡Adelante! Se dice para sus adentros.

Empieza a recorrer un enlace tras otro, leyendo la información que considera importante y buscando, a su vez, el apartado en el que explican cómo se deben presentar los nuevos colaboradores. Un enlace, dos, tres, siete... Esa sección no está en ningún lado. Aumenta un 100% su atención y recorre cada apartado, en busca del ansiado enlace. Finalmente, cuando ya casi lo ha dado todo por perdido, abajo, en la esquina derecha, en letra de tamaño 3, lo ve: Freelance translators. Con una sonrisa de medio lado y un rápido movimiento del ratón, entra.

¡Oh, no! ¡Un formulario! ¡A estas horas de la mañana no! Resignado, da otro sorbo a su café, ahora sí, helado. Parece que su desayuno se ha acabado por hoy. No hay más remedio, hay que pasar por ello, así que se pone a rellenar.

Tratamiento, nombre, apellidos, dirección... Y eso solo es la primera página del formulario. Una vez lo ha rellenado todo, le da a continuar. Aparece la misma página con letras rojas al principio.
  1. Teléfono: formato erróneo.
  2. Móvil: formato erróneo.
  3. El  campo "color de su ordenador" es obligatorio.
Vaya, habrá que resolverlo... Una vez hecho, le da de nuevo a continuar. Aparece la siguiente página: formación. En ella, ve un campo desplegable para seleccionar la universidad, dividido por países. Busca Spain y la encuentra, pero solo hay cinco opciones y no está la suya. ¡Su universidad no existe! Encuentra una opción que pone simplemente: Departamento de Filología. "Lo tomaremos como el campo por defecto...", piensa.

Le da a continuar. La misma página, en rojo: ¡ERROR!
  1. Introduzca su instituto.
  2. Introduzca su colegio.
  3. Introduzca su guardería.
  4. Introduzca sus notas medias.
¡Aaaaahhhh! ¡Qué horror! No va a terminar nunca... ¿Para qué quieren la nota media de su guardería? Diez minutos más tarde, ha terminado. Le da a continuar y aparece la siguiente página: especializaciones... ¡Con una lista interminable de posibilidades! Mmmmm... Tocará leer una por una... Media hora después, ha terminado y le da para pasar a la siguiente página: tarifas. Comienza a leer: introduzca las tarifas para cada especialización, la tarifa mínima, la tarifa para menos de diez palabras, por hora, por página, por línea, para cada par de lenguas... 20 minutos más tarde... ¡Hurra! ¡He terminado!

Pasa a la siguiente página... en la que tiene que adjuntar su curriculum vitae. ¡Qué poco le queda a Don Localizote! ¡Y además esta es la parte más fácil! Busca su curriculum lo adjunta y... ¡formato incorrecto! Solo se admiten archivos en formato bbco. ¡Qué narices es un bbco! Una hora más tarde, logra dar con el formato correcto y... emocionado, pulsa el botón de enviar...

SE HA PRODUCIDO UN ERROR EN EL ENVÍO. POR FAVOR, INTÉNTELO DE NUEVO.

Noooo... ¡Tres horas de reloj rellenando el formulario para nadaaaaa...!

¡Catapum! Don Localizote, con su gorro de dormir y el pijama de franela, se ve de morros en el suelo agitándose cual pez recién sacado del agua. Todo había sido un sueño, aún le quedaban un par de horas en la cama, así que aliviado, vuelve a acurrucarse entre las sábanas... pensando en lo que el destino le tiene guardado al día siguiente.



martes, 2 de octubre de 2012

Don Localizote y la asociación... ¿de colegiados?

Que Don Localizote haya permanecido en absoluto silencio durante más de un mes no se ha debido a otra cosa más que a aquel venturoso viaje que emprendió en su última aparición. Un mes difícil ha sido este para Don Localizote, pues se ha compuesto de días y días sin una buena conexión a Internet estable que le permitiera mantenerse en contacto con el resto del mundo. Sin embargo, ha procurado mantenerse mínimamente informado sobre todo lo que ha ido pasando en el mundo traductoril en su ausencia.

Una de las cosas que sucedió hace un par de semanas fue lo relatado en esta entrada, que luego suscitó un gran debate en torno al intrusismo profesional en la traducción. Relacionado con ese tema está el último desencuentro que ha tenido Don Localizote con la burocracia germana que, tomando la forma de una asociación de traductores, le ha vuelto a dar un suave puntapié para recordarle que los días en los que se encontraba en su querida patria, en donde casi todo vale, ya han quedado muy atrás.

Aquí os ofrezco el relato, pues, de su historia...

Muy fatigados por lo largo y arduo del camino, llegaron Don Localizote y Traducinante a su nueva morada en la ciudad bávara de Múnich. Nuestro héroe había venido para quedarse y, poco a poco, abrirse camino en solitario a través del fantástico mundo de la localización. Su idea era muy clara. Debía prepararlo todo para comenzar sus andanzas como caballero freelance, batallando contra malvadas construcciones sintácticas y perversas formaciones léxicas, a cambio de una justa remuneración. Aquel era un territorio aún para él inexplorado, pero que lo llenaba de una inaguantable curiosidad.



Comenzó por documentarse: leer, leer, leer... Revistas, blogs, libros, páginas... Todo consejo que otros trujamanes pudieran ofrecer era de gran valor para él. Se sorprendió, asimismo, al darse cuenta de que muchas de las dudas que lo atormentaban habían sido objeto de preocupación antes en las vidas de muchos de sus compañeros. Miles de respuestas esperaban a ser encontradas por nuestro héroe, respuestas que lo irían guiando sutilmente por el buen camino.

Uno de esos consejos que llegó a sus ojos fue la recomendación de afiliarse a, al menos, una asociación de traductores que se adaptara a su perfil profesional. Se recomendaba, además, afiliarse a varias, tanto en el país donde se hablaba su lengua meta como en los de las lenguas origen. Don Localizote optó, casi sin pensárselo, por solicitar su admisión en ASETRAD, la asociación española más conocida, y en la BDÜ, Bundesverband der Dolmetscher und Übersetzer, una asociación alemana extendida por todo el país.

No le llevó mucho tiempo rellenar y enviar la solicitud a la asociación española, para la que bastaba con remitir el formulario descargable ofrecido en su página web. Sin embargo, su corazón dio un pequeño vuelco al descargarse el formulario de la BDÜ... ¡17 páginas! Le esperaba un buen rato de lectura de todos aquellos papeles y luego otro tanto para el rellenado de los mismos y la recopilación de toda la documentación que solicitaban... ¡This is Deutschland bitte!

Resignado, comenzó a leer y rellenar los papeles hasta que se topó con la pregunta: "¿Es usted traductor jurado? ¿De qué idioma(s)?" Don Localizote era traductor e intérprete jurado de inglés en España pero... ¿estaría el título reconocido en Alemania? Tras una corta llamada descubrió la cruda realidad... ¡Oh! ¡Pobre de él! ¡La respuesta fue negativa! ¡Ya no podría beneficiarse de aparecer en la base de datos de dicha asociación como tal!

"Bueno," pensó, "un contratiempo que podemos dejar a un lado de momento..."

Siguió rellenando la solicitud y... ¿cuáles son sus lenguas de origen?

"Inglés, francés y alemán, por supuesto." Se dijo para sus adentros justo antes de leer: "Aquellos idiomas para los que tenga un título académico que lo demuestre."

¡Pardiez! Tres años llevaba Don Localizote trabajando desde el alemán, día tras día, tanto que incluso era la combinación de idiomas en la que más práctica tenía... ¡pero no poseía ningún título académico en esa combinación! Seguro que aquello era un error y también aceptaban la experiencia laboral como prueba... ¡Tenía que ir a preguntarlo sin más dilación! Así, media hora más tarde, se encontraba de camino a la sede de la  BDÜ en Múnich, la cual tardó bastante en encontrar.

Al llamar, lo atendieron inmediatamente:

- Buenos días, he leído que hace falta un título académico o estatal que demuestre que soy traductor del alemán para solicitar la afiliación a su asociación... Verá, realicé mis estudios en España en las combinaciones inglés-español y francés-español, pero llevo más de tres años en Alemania trabajando como traductor también en la combinación alemán-español...

- ¿Pero tiene algún certificado de una institución académica que lo justifique? ¿Ha sido habilitado por algún organismo alemán?

- No...

- Entonces lo mejor es que realice un examen y obtenga el título...

¡Don Localizote no daba crédito! Aquello que en su país tanto se criticaba en Alemania era la norma... ¡y eso que era una simple asociación y no un colegio! Si quería pertenecer a la asociación, debía volver a la universidad (solo tendría que hacer el examen, le dijeron) o hacer un examen estatal para conseguir el nombramiento como beeidigter Übersetzer...

Aquello no podía ser cuestión más que de la mentalidad germana, porque muy probablemente antes de que existiera la figura del beeidigter Übersetzer y cualquier programa académico dirigido al estudio de la traducción, ya existían personas sin ningún título ni condición encargadas de que los alemanes se entendieran fuera de sus fronteras... ¡Pero ellos, ingratos, sí que habían obligado a aquellos "traductores formados en la experiencia" a formarse también en un centro educativo para poder ser considerados "verdaderos traductores"!

 
Experiencia contra academicismo en su estado más puro... Y, mientras tanto, Don Localizote tuvo que irse a casa compuesto, indignado y sin asociación...

Y a ti, querido lector, ¿qué te parece que en Alemania sí se exija un título académico para hacerte llamar traductor? ¿A qué crees que se debe esta diferencia tan radical entre lo que sucede en España y en Alemania? ¿No se quejan los traductores con 30 años de experiencia y ningún título relacionado con su profesión en Alemania?


martes, 4 de septiembre de 2012

Don Localizote y su cambio de vida

La vida te da sorpresas, sorpresas te da la vida... y podría seguir cantando hasta que el sol cayera tras el horizonte, pero voy a seguir escribiendo mejor, que es para lo que estamos aquí, ¿verdad?

Como iba diciendo, en ocasiones la vida se afana en sorprenderte y da giros inesperados, repentinos y drásticos. En ocasiones son buenos, otras son malos y las más veces son simplemente un nuevo rumbo en el curso de tus días... ¿Que por qué me pongo a filosofar ahora sobre la vida y sus menesteres? Pues porque eso precisamente es lo que le ha pasado hace muy poco a nuestro querido héroe.

Don Localizote pasaba sus días, como todos sabemos, en la fría y gris ciudad de Hamburgo, a orillas del Elba, que tantas horas de sol y calidez racaneaba. Barcos recién llegados a su animado puerto, cervezas en las terrazas del barrio de Sternschanze, música y bailoteos en una calle de dudosa reputación llamada Reeperbahn, paseos a la orilla de los lagos que embellecen el centro de la ciudad hanséatica... todo ello había formado parte, hasta entonces, de su día a día. Al pensarlo, una serie de instantáneas recorría su mente al son de una sosegada melodía:




Sin embargo, de la noche a la mañana, su vida dio un giro de 180 grados y cambió de rumbo. Se vio animado a cambiar de aires, a dejar su piso atrás y también, por desgracia, a sus amigos. Decidió que al mes siguiente debía estar en otros lares, vivir nuevas aventuras, forjar nuevos recuerdos. Al mirar atrás pensaba en los últimos tres años: lo que le habían aportado, tanto personal como profesionalmente; lo que había vivido y aprendido; las personas con las que se había topado; los momentos que ya jamás olvidaría.

A ratos, la nostalgia lo apresaba y también la angustia por saber lo que le depararía el futuro. Después, se veía con fuerzas renovadas y animado a enfrentarse a su porvenir, sin importar cuan duro se le presentara. Tenía un plan y también una motivación, pues su Dulcinea lo esperaba al otro lado. Una sonrisa tonta asomaba en su cara con tan solo pensarlo. De ilusiones puede vivir el hombre, se dice, ¿pero qué sucede cuando esa ilusión se convierte en realidad? Pues está claro, que las cosas, muy probablemente, vayan a ir a mejor.

Un mes tardó, con sus treinta días y sus treínta noches, en dejarlo todo listo, antes de verse, una mañana, montado en su fiel compañero Traducinante, con su hatillo al hombro y sus diccionarios en las alforjas. Decidido, alzó la vista al horizonte y, suavemente, animó a su caballo a dar el primer paso mientras él, raudo, sacaba la brújula que habría de guiarle durante todo el camino.

Al salir de la ciudad, miró atrás con tristeza por lo que dejaba y, acto seguido, fijó los ojos al frente con ilusión por lo que le esperaba, por lo que le quedaba por vivir en su próximo destino: Múnich.


P.D.: Esto va por vosotros, amigos hamburgueses, que sé que algunos leéis las historias de Don Localizote con asiduidad... Para todos aquellos que me habéis alegrado los días en esta gran ciudad durante tres años... ¡Gracias y hasta pronto!





sábado, 4 de agosto de 2012

Tradu Panza en la FNAC

Es de sobra bien sabido en el mundo traductoril que el mejor amigo de un trujamán es un buen diccionario. No lo es tanto, sin embargo, entre el común de los mortales, que consideran al traductor un diccionario en sí: ¿Cómo se dice esto en inglés? ¿No lo sabes? ¿Pues tú no eras traductor? Sí, señora, y me desayuno una palabra con definiciones todas las mañanas...

El diccionario crea, pues, en la mente del traductor, una relación de amor y odio difícil de constatar entre cualquier otro profesional y su herramienta de trabajo. Unos días buscas y encuentras, por lo que tu compañero de fatigas te parece la panacea que necesitas para todas tus dudas existenciales... pero otros, por más que te afanas en dar con la traducción adecuada para un término, tu amiguito no hace más que decepcionarte sobremanera: "¡cómo pude comprar semejante m***** de diccionario!".

Es, asimismo, digna de admirar, la situación en la que un traductor acude a una librería en busca de su próximo mejor diccionario. Ejemplifiquémosla con una historia basada en hechos reales, sufrida por Tradu Panza en sus propias carnes...

Andaba Tradu Panza allá por sus años de formación como loco por todo lo que estaba aprendiendo. Disfrutaba día sí, día no, de su vida estudiantil, de las personas a las que estaba conociendo, sus compañeros de clase, y de la ciudad a la que había llegado hacía muy poco tiempo. Había descubierto recientemente que una de las grandes herramientas con las que pasaría varias horas al día en el ejercicio de su oficio iba a ser el diccionario y, para su asombro, descubrió que existían, más allá del simple monolingüe y bilingüe, muchos otros tipos de diccionarios de los que jamás había oído hablar: que si normativos, que si de uso, que si de sinónimos y antónimos, que si ideológicos...

El caso es que llegó un momento en el que descubrió que su Iter Sopena no daba mucho más de sí que lo que había dado en su etapa del instituto y que su minúsculo Vox bilingüe se había quedado, por así decirlo, muy atrás en los estándares necesarios que debe exigir todo traductor que se precie. Por ello, ni corto ni perezoso, una tarde de sábado, se compró un billete de metro y acudió a Callao, dispuesto a entrar en la FNAC y salir con el mejor diccionario que se cruzara en su camino.

Entró en el edificio y se dirigió directamente a las escaleras mecánicas que habrían de llevarlo a la planta en la que se exponían, en vastas estanterías, miles y miles de libros de todo tipo. Guías de viaje, libros en lenguas extranjeras, métodos de idiomas... ¡y, por fin, diccionarios! Se abalanzó ávidamente hacia aquella sección oteando a simple vista los muchos y variados lomos que allí le esperaban. Su objetivo: encontrar un buen diccionario bilingüe que le sirviera para resolver al menos una buena parte de sus muchas dudas idiomáticas.


Se plantó ante las estanterías y echó una ojeada general a lo que allí había... ¡cuántos tomos aguardaban a ser examinados por nuestro estimado Tradu Panza! De repente, se sintió turbado. Miró su reloj: las 5 de la tarde. ¡Cuán ardua tarea le esperaba! Decidió comenzar por la parte superior de la primera estantería, fijándose solamente en los más gordos que veía. 

¡Vaya! ¡Uno con 300 000 lemas! Pero... oh, oh... 90 euros. Siendo estudiante, aquel dios todopoderoso de los diccionarios estaba totalmente fuera de su alcance... Mejor se conformaría con uno de unos 60. Siguió mirando...

Cubierta roja, 200 000 lemas, 63 euros... ¡vaya! Tampoco había sido tan difícil después de todo... Pero espera, aquel de cubierta azul de allí con grandes letras blancas... ¡70 euros con 190 000 lemas y versión electrónica! Mmmm... ¿Le merecería la pena?

Decidió echarles a ambos un vistazo por dentro para salir cuanto antes de dudas. Mmmm... El de cubierta roja presentaba una disposición interior ordenada y muy clara, con lemas resaltados en azul y ejemplos de uso, mientras que el de cubierta azul, era mucho más caótico, con las entradas apenas sin resaltar y, en definitiva, menos manejable... pero es que la versión electrónica era tan atractiva...

De repente, vio como por su lado izquierdo se acercaba otra persona a las estanterías y cogía un tomo que hasta entonces le había pasado totalmente desapercibido. Con cubierta negra y letras doradas, presentaba un nombre la mar de rimbombante. Se dispuso a echarle también a ese un vistazo, quién sabe, quizá era lo que buscaba... Miró hacia la estantería... ¡Horror! ¡Solo quedaba aquella copia! ¡No podía ser! Nervioso, empezó a mirar de un lado a otro y a acercarse furtivamente hacia el desconocido que sostenía sobre sus manos, quizá, la salvación de nuestro simple aspirante a traductor. Como quien no quiere la cosa, se puso a seguir la estantería con los dedos, recitando automáticamente los nombres de los distintos diccionarios, pero sin reparar siquiera en ellos. Sabía lo que buscaba, lo que necesitaba, y puede que estuviera a punto de perderlo... Y el cliente, mientras, hojeaba el libro sin inmutarse, observando la disposición de las entradas y la distinta información que contenían, ajeno al sufrimiento del traductor que se encontraba frente a él.

Finalmente, aquel hombre decidió que el diccionario que tenía en sus manos no merecía la pena y lo dejó sobre una de las mesas en las que se apilaban cientos de libros, mientras Tradu Panza, sudoroso y con el corazón palpitando cual caballo al galope, se abalanzaba sobre él. Era suyo, ahora podría observarlo tranquilamente... En cuanto lo abrió, supo que no era para él. ¡Era el más caótico de cuantos había visto! ¡Qué poca funcionalidad!

Miró el reloj, las 6. ¡Había pasado una hora y aún no sabía qué hacer! Volvió con los candidatos de cubierta azul y roja. Ambos tenían muy buena pinta, mas él, aún, no se encontraba del todo convencido. ¿Primar la funcionalidad o los extras? Con ambos diccionarios en las manos, volvió a echar otro vistazo a las estanterías. Vio uno marrón, un poco más pequeño y también con CD, que valía 35 euros. "Mmmm... No me inspira mucha confianza", pensó. "Demasiado barato para ser bueno." Decidió no perder el tiempo con él y seguir mirando. Dejó los dos candidatos favoritos a un lado y se dispuso a volver a repasar las estanterías.

Desde el estante superior hasta el inferior, recorrió todos los lomos, cogiendo los ejemplares que le parecieron dignos de examinar. Uno a uno, fue viéndolos todos, ora agachándose para ver el estante inferior, ora estirándose para llegar al superior. Cuando llegó al final, aún no se había aclarado. ¡Qué hacer! ¡Cuán difícil decisión! Lo que tenía uno, no lo tenía el otro, y lo que tenía el otro, no lo tenía el uno. Muchas ventajas, muchos inconvenientes, todos entremezclados en aquellos montones de páginas. 


Miró el tomo negro con letras doradas, y de ahí llevó la vista al rojo, y después al azul. No sabía qué hacer y ya se estaba haciendo tarde, las siete y media. Llevaba dos horas y media allí metido, evaluando diccionarios, y aún no había llegado a ninguna conclusión. La gente venía, miraba, compraba y se iba. Pero él seguía allí, como si formara ya parte de aquel lugar. No quería darse por vencido y huir sin haber conseguido ninguna presa, aunque ya de por sí se sentía derrotado. Escogiera el que escogiera, jamás estaría satisfecho con él al cien por cien, siempre pensaría que igual el otro podría haber sido mejor.

Media hora más tarde, un minuto antes de que cerraran la tienda y tras tres horas de cavilaciones, Tradu Panza salía con su más reciente adquisición bajo el brazo, aunque su semblante distaba mucho de parecer alegre. Su conciencia lo reconcomía por dentro. El diccionario que había escogido poco importaba. Ahora siempre pensaría en lo que el futuro le habría deparado con aquellos que había dejado atrás...

miércoles, 25 de julio de 2012

Don Localizote y sus manías II: ortografía y puntuación

Hace unas semanas hablamos de una de las manías de Don Localizote a la hora de corregir traducciones ajenas. ¿Pensabas que ahí había acabado todo? Ni por asomo, querido lector. Don Localizote es un detallista empedernido y tiquismiquis donde los haya, y se ha propuesto contarnos todos y cada uno de los errores que pudo descubrir en su ejercicio de corrector. ¿Quieres saber cuál es el siguiente? Pues solo tienes que seguir leyendo...

El pelo perdía y también los nervios al ver la cantidad ingente de documentos que le esperaban en la carpeta de corrección. No podía creer que tantos traductores hubieran respondido a la llamada en el portal "traductordelamancha.com". Era a él nada más al que le tocaba, como traductor en plantilla, corregir todas las pruebas y ofrecer su veredicto.

Entre rato y rato en su labor de traductor, se ponía con aquellas páginas, las leía y valoraba la expresión, el estilo, el vocabulario... y también otros aspectos a menudo más descuidados pero que, a su juicio, eran tan importantes como el que más. Uno de los más desmerecidos resultaba ser el de la puntuación y la ortografía, hasta el punto de que llegó a pensar que algunos traductores aplicaban la regla del todo vale a la hora de repartir los puntos y las mayúsculas.

Don Localizote, convencido de que un texto debe ser legible y ha de presentar la información de forma clara, tiene claro que el buen uso de los signos de puntuación y una correcta ortografía son, para ello, imprescindibles. Si no, la gente, no, se, entera, de nada; porqué? todo: esta, echó un (lío). 

Hay, asimismo, ciertos signos de puntuación y reglas ortográficas cuyo uso difiere radicalmente entre el inglés o alemán y el español. Don Localizote ha tenido en este día la gentileza de elaborarnos una pequeña lista de los errores que pudo encontrar para que yo, su simple y humilde voz, y vosotros, los lectores, los tengamos siempre en cuenta a la hora de presentar una prueba de traducción a un posible cliente.


Los signos de exclamación e interrogación en español van en pareja. Sí, es el único idioma en el que pasa. Sí, muchas veces en chats, foros, emails y demás se obvian para escribir más rápido. Y sí, se supone que los textos en un juego deben ser "desenfadados", "juveniles" o "como-se-quieran-llamar"... Pero lo que también es cierto es que los textos tienen que ser correctos. Una traducción con menos signos de puntuación no es más moderna, juvenil o divertida, sino que es, simple y llanamente, incorrecta.


Los puntos suspensivos en alemán llevan un espacio delante... pero no en español. Antes de entregar nuestras pruebas de traducción, lo ideal es que comprobemos que no nos hayamos olvidado de eliminar dicho espacio.


No debemos tampoco olvidarnos de poner los puntos al final de un párrafo ni descuidarnos y poner dos, que para Don Localizote son multitud...


No debemos poner mayúsculas gratuitas. Hay que tener en cuenta que en alemán todos los sustantivos se escriben en mayúsculas y que en inglés a veces se hace un uso mayor de ellas que en español. Si en nuestro idioma, en ese determinado caso, no se requiere una mayúscula, no debemos ponerla. El uso de las mayúsculas debe siempre, por tanto, estar justificado.


Los prefijos en español se escriben, por lo general, pegados al nombre al que modifican, sin espacios ni guiones. Hay un par de excepciones que puedes ver si haces clic en el enlace del título. :-)


Algo en lo que ha insistido vehementemente Don Localizote es que debemos leer y repasar varias veces el texto y mirar cada palabra con lupa. Todos conocemos las reglas de acentuación, pero los lapsus nos pueden jugar una mala pasada en una prueba de traducción, así que procuremos que las tildes estén donde tienen que estar y que no falte ninguna.


En inglés son muy comunes y en alemán también, pero no tanto en español. Para hacer aclaraciones son incorrectos, pues en español se utiliza la raya, aunque para ello, según Don Localizote, viene mucho mejor la coma o el paréntesis. Por otro lado, el guion en inglés se utiliza muchas veces como elemento sustiturio de los puntos suspensivos, función de la que dicho signo carece en español. También ha hecho un gran hincapié Don Localizote en que debemos prestar mucha atención a los guiones y, ante la duda, buscar otra alternativa. ¡Nuestro hidalgo los odia a muerte!


Don Localizote terminó la corrección de las pruebas con un sudor frío recorriéndole la frente. Exhausto estaba de tener que prestar tanta atención. ¡Tantas traducciones del mismo texto habían podido con él! Se sentía ahogado, enterrado... Digamos que, entre nosotros, debería tomarse estas cosas mucho menos en serio... :-P

sábado, 14 de julio de 2012

Don Localizote y Calcorín

Tras un duro y espantoso día de trabajo, se hallaba Don Localizote sumergido en ese inmenso océano que es Internet en busca de algo de información con la que saciar su curiosa mente. No había sido un día fácil, corriendo contra el reloj de arena y batallando cual caballero andante contra la malvada sintaxis alemana. Cansancio y tedio es lo que en ese momento sentía, y se propuso alegrarse el resto de la tarde leyendo algo más ameno y desenfadado. Navegaba de página a página, casi sin darse cuenta del tiempo que transcurría e ignorando la oscuridad con la que, poco a poco, el ocaso iba cubriendo la ciudad.

De repente, se topó con una página que llamó mucho su atención. Con colores chillones y letras pomposas, un compañero de fatigas, valiente traductor, anunciaba sus servicios. Intrigado, se dispuso a leer, pues la inspiración para sus propios escritos, cual dios juguetón, se escondía en cualquier parte. Leyó lo siguiente: 

Traducciones "A la Carta"
¿Es usted de los que aplican a los trabajos? ¿Está el suelo de su casa lleno de carpetas?
Venga, díctenos su traducción y nosotros se la escribimos.
¡Satisfacción 100% garantizada!
-¡Pardiez! -exclamó nuestro honrado hidalgo-. ¡Cómo osa semejante mentecato anunciar tal mancillación a su profesión! ¡El honor de un traductor está por encima de todo!

Echo una furia, siguió ojeando la detestable web para ver si encontraba el modo de contactar con aquel necio y poder ponerle así los puntos sobre las íes. Con asombro, pudo constatar que el autor de semejante sinvergonzonería vivía en su misma ciudad y, por suerte, no muy lejos de él. ¡Aquello había que aclararlo en persona!

Raudo, tomó su capa de lona, se puso una bacía por sombrero y salió a la calle rezumando furia. No mucho tiempo después logró Don Localizote alcanzar su punto de destino, una morada humilde donde aquel ruin trujamán al parecer habitaba. Aún encolerizado, llamó a la puerta empeñando tanto los nudillos que creyó dejárselos en carne viva.

Pasaron dos minutos y nadie acudía a la llamada, mientras él, segundo a segundo, se impacientaba cada vez más. Llamó dos, tres y hasta cuatro veces, y cuando ya lo iba a dar todo por perdido. La puerta se entreabrió mostrando un tenue brillo de luz mortecina en el interior.

Reuniendo todo su coraje y sin pensar en lo que podría llegar a encontrarse, Don Localizote entró a tientas siguiendo el halo de claridad. Tropezando una y otra vez, consiguió llegar hasta el lugar de donde procedía la luz.



Allí, frente a un ordenador con Windows 98, creyó ver una silueta, de por sí tan enjuta y con un aspecto tan desaliñado que creyó que había salido del mismo infierno. Aquel hombre, sin percatarse de la presencia de Don Localizote, tecleaba enérgicamente las teclas y movía, como hipnotizado, el ratón de un lado a otro.

Don Localizote, con pasitos cortos y recelosos, avanzó hasta encontrarse justo tras la espalda de aquel señor. Sin saber muy bien qué hacer, se decidió por darle un tímido golpecito en el hombro para llamar su atención.

De repente, como un rayo, aquel personaje se dio la vuelta y fijó unos temerosos y agotados ojos en la cara de nuestro hidalgo, el cual, sorprendido, se retiró dos pasos casi sin darse cuenta.

-¿Qué hace usted aquí? -dijo el extraño con voz cansada-. ¡No tengo tiempo para visitas! ¡He de terminar la traducción de esta receta de cocina antes de media hora y aún me quedan 1500 palabras!

-Soy Don Localizote y vengo para hacerle ver a Vuesa Merced lo inapropiado del anuncio que ha colgado en su web, pues mancilla el honor y el nombre de cualquier traductor con tan solo verlo. -dijo resoluto Don Localizote.

Ahí es cuando empezaron las lágrimas. Aquel pobre traductor, que hasta entonces lo único que había mostrado era una actitud histérica, se convirtió de repente en una simple plañidera y explicó a Don Localizote entre sollozos...

-¡No me hable usted así, buen hombre! Me llamo Calcorín Colorado, y no tengo más remedio que aceptar lo que me llega y poner lo que mis amos me ordenan, o de lo contrario no me pagan. Al principio, intenté resistirme y me opuse al uso de ciertas palabras que insultan a nuestro idioma, pero tras pasarme dos meses sin comer... -dijo llevándose las manos al estómago-. ¡Tuve que hacer lo que me decían! ¡Ay señor Don Localizote! ¡No sabe usted cuán dura es mi vida! Mis clientes solo quieren traducciones "a la carta", no importa cuántas razones les dé yo para justificar lo inapropiado de los calcos. ¡Nunca cuentan con mi astucia!

De repente, el corazón de Don Localizote se ablandó y comenzó a sentir pena por aquel miserable ser. Para poder comer diariamente, en la mayoría de ocasiones debía pasar por el aro, como si de la principal atracción de un circo se tratara... Fue en ese mismo momento en el que decidió que nunca más se dejaría guiar por las apariencias y que intentaría no juzgar al traductor sin conocer primero al cliente. Después de todo, en el mundo de los negocios, ¡el cliente siempre tiene la razón! ¿O no?

domingo, 27 de mayo de 2012

Don Localizote: Dos tareas y un destino

En el mundo de la localización, no todo el monte es orégano... Ya hemos hablado en otra ocasión sobre las múltiples tareas que Don Localizote debe desempeñar en su empresa y hemos comprobado ojipláticos que está mucho más ocupado de lo que cabría esperar y que cuando se trabaja in-house uno deja de ser localizador para convertirse en una especie de servicio lingüístico multiusos.

Pudimos comprobar en aquel momento, además, que una de las tareas que un localizador interno debe desempeñar a menudo es el testeo. Sobre la tarea en sí, ya han escrito otros compañeros del gremio en sus espléndidas bitácoras, como por ejemplo, aquí. Sin embargo, Don Localizote me ha pedido hoy que cuente su experiencia desde el punto de vista de un traductor que además prueba su propio juego. Y la historia comienza así...

Un buen día de verano en el que cantaban los jilgueros y relucían las margaritas en los jardines de Hamburgo, llegó nuestro amigo Don Localizote a su empresa y se puso, raudo y veloz, a trabajar. Llevaba varios días traduciendo un nuevo juego que habría de salir muy, muy pronto. Era ya antigua costumbre en la empresa traducir en primer lugar aquellos mundos virtuales destinados al uso y disfrute de miles de usuarios, y luego comenzar un proceso de prueba del mismo en su versión localizada... y a falta de probadores internacionales, buenos son localizadores jugones.

Amigo de Don Localizote probando el juego en cuestión: ¡la emoción lo embriaga!

Ha podido comprobar Don Localizote en estos años que traducir y probar un juego son tareas totalmente distintas y a la vez complementarias, para las cuales se necesitan características completamente diferentes. Mientras que como traductor nuestro héroe debe centrarse en la coherencia, adecuación y corrección de los textos con respecto al original y con respecto al público al que el juego va dirigido, como probador debe ocuparse más de la coherencia, adecuación y corrección de ese texto en relación con los demás elementos (gráficos, estructurales, sonoros...) que conforman el producto, el juego, además del buen funcionamiento de dichos elementos también por separado.

Como traductor, Don Localizote es, generalmente, el que mejor conoce el juego en su plano textual, no hay detalle de su historia o de su funcionamiento teórico que a su ojo traductoril escape. Sin embargo, el proceso de prueba de ese mismo juego lo convierte, además, en profundo conocedor de su funcionamiento práctico y en árbitro de la masa textual creada por el traductor (paradojas de la vida, en este caso, él mismo), cotejándola en base a los demás elementos. Opina, por tanto, este nuestro Don Localizote, que existen ciertas ventajas y también inconvenientes inherentes al hecho de que un traductor se transforme posteriormente en el probador de su propio juego, a saber:


VENTAJAS
  • Probar juegos además de traducirlos, en general, proporciona un mejor conocimiento práctico sobre los juegos, su funcionamiento, su vocabulario... Esto, por supuesto, ayuda a Don Localizote a completar su formación como traductor. Además, también ayuda a conocer desde dentro el tipo de producto que traduce (crea): no olvidemos que en casa del herrero no debe haber cuchillos de palo y que, por tanto, al traductor de juegos le tiene que gustar jugar y conviene que conozca al dedillo el objeto de su trabajo.
  • Cuando Don Localizote prueba un juego que acaba de traducir, consigue una visión general más amplia y completa del producto en cuestión. En este sentido, esto le ayuda a solucionar dudas de contexto y a corregir a posteriori su versión de acuerdo al mismo. Por otro lado, en el caso de Don Localizote, suele tratarse de juegos online que “están vivos” y que siguen recibiendo actualizaciones y contenido nuevo paulatinamente, los cuales tendrá que traducir él mismo. Esto le ayuda también a que la traducción de dichas actualizaciones resulte más fácil y exacta, puesto que ya conoce el contexto y contenido previo del juego. 
  • Aparte de las ventajas anteriores, relacionadas más con el conocimiento, existe también una ventaja temporal, puesto que la solución de errores (por ejemplo, cadenas de texto demasiado largas o demasiado cortas) puede realizarse de forma mucho más rápida si el que prueba es el mismo que ha traducido: se ahorran pasos intermedios como la redacción y el envío de informes de errores. Como suele decirse, el traductor se lo guisa y el traductor se lo come.


INCONVENIENTES
  • Al probar un juego que él mismo ha traducido, nuestro castizo hidalgo debe reconocer que no es totalmente objetivo. Se ve afectado por interferencias provocadas por el texto que él ya ha traducido y, por tanto, mira el juego, sobre todo en sus inicios, con ojos de "experto". Eso puede llegar a producir un proceso de prueba del juego incompleto e incluso irreal, ya que muchas cosas se darán por supuestas debido a que las conocemos por el contenido textual que nosotros ya hemos leído pero que un jugador normal no conocerá. En este sentido, imaginemos que Don Localizote se dispone a probar el tutorial de un juego y se le pide que entre en una de las tiendas del juego y compre unas botas (obviando la explicación, por ejemplo, de cómo entrar en la tienda). Para un jugador novato, probablemente esa explicación sería necesaria, ya que es la primera vez que se enfrenta a ese juego, mientras que Don Localizote ya conoce el proceso, quizá por ventanas de ayuda emergentes u otros textos que aparecerán después de completar el tutorial y que él, privilegiado, ya ha leído. Podría pasar por alto, por tanto, que el susodicho tutorial estaría incompleto o no sería lo suficientemente claro.
  • Se presupone que cualquier Don Localizote que traduce juegos ha sido formado para hacerlo y podría darse el caso de que también tuviera formación como probador… pero también podría suceder lo contrario. Para probar un juego no solo se necesitan conocimientos lingüísticos (que también, aunque en menor medida que un traductor), sino que además serían necesarios unos conocimientos técnicos que no tienen por qué presuponerse en el traductor. En este sentido, Don Localizote estaría cualificado suficientemente para realizar la traducción, pero el testeo de dicho juego alcanzaría a lo sumo un nivel amateur al principio y no profesional.
  • Ser probador de juegos es una tarea que consume mucho tiempo y recursos. La extrema atención con la que se debe "jugar" al probar un juego resulta muy fatigosa y, al combinarse con otras tareas, puede provocar una posterior falta de concentración a la hora de traducir o hacer cualquier otra cosa.

A partir de ahora, sabemos que el corazoncito profesional de Don Localizote está dividido entre Pinto y Valdemoro y que tan pronto se pone a traducir como le toca ponerse a matar marcianitos, monstruos marinos, brujas verrugosas o incluso fantasmitas de pacman. Ambas tareas son necesarias para completar una buena localización de un juego y le sirven a Don Localizote para mejorar como profesional. En su opinión, conviene que un traductor de videojuegos conozca, al menos mínimamente, en qué consiste un proceso de prueba de un juego y que esté familiarizado con ciertos aspectos del mismo. Solo así, ya sea in-house o como autónomo, se podrá ofrecer al cliente o empleador un servicio de localización completo y lo más exento de errores posible. Y ahora... ¡a jugaaaar!

sábado, 12 de mayo de 2012

Don Localizote y la belleza de la localización

Si en sus años de Tradu Panza le hubiéramos preguntado a Don Localizote por qué estudió Traducción e Interpretación, nos habría respondido sin dudarlo un momento: "Porque me gustan los idiomas". Respuesta vaga y simple donde las haya, aunque representa la base, naturalmente, de cualquier otra razón que se pueda esgrimir.

Tradu Panza, como los digimon, digievolucionó con el tiempo en Don Localizote, y también lo hizo la concepción que tenía sobre su profesión. Pasó de la "simple pasión por los idiomas" a encontrar, poco a poco, otras razones varias por las que se siente totalmente congratulado al haber estudiado lo que estudió. Esas razones, por supuesto, llegaron con el tiempo: un día descubrió una, al mes siguiente encontró otra... porque Trados no se construyó en un día.

Tiene Don Localizote, además, una extraña afición, que es la de pensar y filosofar, llenar su cabeza con miles de elucubraciones para después, la mayoría de las veces, no llegar a ningún sitio. Hoy me ha pedido, entre amigos, que plasme dichas elucubraciones en esta entrada, a lo cual no me he podido negar, pues tiene muy mal carácter y me azuza a Traducinante cuando no le hago el suficiente caso.


¿Qué es la localización de videojuegos? Se ha preguntado Don Localizote al levantarse esta mañana. Muchas cosas en una, diría yo, no es solo una ocupación que lo permite vivir a él y a tantos otros. Es algo necesario, vital, algo de lo que la sociedad actual no puede prescindir, pero dejemos que Don Localizote lo describa con sus propias palabras: Localizar es... 

COMUNICAR

En un mundo globalizado como en el que vivimos necesitamos información y necesitamos estar conectados. Hemos llegado a un punto en el que estamos en nuestra casa pero también estamos en las de todos, más o menos como una divinidad. Con solo un clic podemos viajar a cualquier rincón de la Tierra, por escondido que esté... y todo esto es posible gracias a la localización. Al localizar se hace llegar un mensaje, un mensaje que siempre le será útil a alguien, un mensaje que jamás caerá en saco roto. Y en este sentido, eso es dejar una huella, es transmitir, es acercar, es comunicar en los dos significados que tiene esta palabra. Los localizadores como Don Localizote son, por así decirlo, emisores, medios y también, como habitantes de este globalizado mundo, receptores de otros mensajes, receptores de otros localizadores. Y todos estos mensajes, su base vital, llevan restos de la cultura origen: partículas de valores, brisas de principios. Nadie se conoce y todos nos conocemos, y todo eso gracias a unos cuantos como Don Localizote, que se encargan de que nuestros ratos de ocio también sirvan para acercarnos un poquito más los unos a los otros.

APRENDER

Cada día, mucho después del atardecer, Don Localizote se acurruca bajo las sábanas con la sensación de ser un poco más sabio: siempre ha aprendido cosas nuevas, siempre se ha enfrentado a retos nunca vistos antes. Hoy aprende partes de barcos, mañana estudiará distintas plantas cultivables, pasado le dará un repaso a un montón de armas medievales. Cada juego que pasa por sus manos es un mundo y cada mundo tiene algo que aportarle. Con ello, cada día que pasa crece, se desarrolla y prospera. La curiosidad de un localizador no termina nunca, devora información, absorbe datos. Son entendidos en todo y expertos en nada. La localización de videojuegos les permite picotear aquí y allá, redondeándose, perfeccionándose... en un círculo vicioso que, por suerte, no termina nunca.

COMPARTIR

Don Localizote es una persona y siente, piensa, vive. Y lo que ha sentido, pensado o vivido luego lo comparte. Lo pone al servicio del otro en cada palabra, cada referencia, cada elemento que localiza. No hay producto que toque que no lleve un trocito de su vida, porque la localización no se puede hacer con una máquina inerte de hacer localizaciones... y porque jamás podrá hacerse con una de ellas. Cada juego que cae en las garras de nuestro hidalgo se transforma en el juego que a él le gustaría jugar, con los personajes, ambiente y lenguaje de los que a Don Localizote le gustaría disfrutar. Y de eso hace partícipes a los demás, a tantas y tantas personas que reirán, se enfadarán y, por qué no, incluso llorarán al sumergirse en las palabras y vivencias que Don Localizote ha tenido a bien compartir con ellos.

CREAR

Este aspecto es, para Don Localizote, el núcleo de la localización de videojuegos. Localizar un videojuego no es reproducir, sino más bien recrear. Es diseñar en un idioma personajes, paisajes, un mundo... Es, en definitiva, dar vida. Hablamos de creación en el sentido más divino de la palabra, de comunicar, de aprender y compartir, y elaborar con ello un nuevo ente, independiente de su "original", que comenzará, a partir de su nacimiento, a tener vida propia y a caminar en otra dirección, o quizá en la misma, pero será la dirección que los nuevos usuarios le quieran dar y una dirección basada en lo que Don Localizote haya querido plasmar y cultivar. Ese juego será hijo de Don Localizote, y Don Localizote será su orgulloso padre.



Huelga decir que nuestro héroe no se arrepiente de haber decidido dedicarse a su profesión y que hacer lo que hace lo satisface día a día. Sin embargo, no toda esta pradera está llena de rosas, pues entre una y otra siempre aparecen espinas dispuestas a provocar la más mínima herida... pero, querido lector, de esas hablaremos en otro momento: ¡porque no todo son quejas en la vida de Don Localizote!



jueves, 3 de mayo de 2012

Tradu Panza y el autor despistado

En un lugar muy, muy lejano, habitaba hace mucho, mucho tiempo, nuestro minihéroe Tradu Panza. El lugar en cuestión, aunque en sí importa poco, se llamaba Espelandia, pues estaba gobernado por la malvada Espe, que con malas artes privatizaba todo lo que se encontraba a su paso. En este escenario vivía Tradu Panza, yendo y viniendo todos los días a la universidad, en la que estudiaba para hacerse famoso y algún día ganar un Nobel (calculo que en un par de años lo tendrá ^^).

Tradu Panza, al hacer gala de semejante nombre, no tuvo mucha elección en cuanto a sus estudios: Traducción e Interpreteción habría de ser. En eso gastaba sus días, sumido en teorías skopianas, leyendo a Dryden, Even-Zohar y Venuti, e imaginándose veinte años más tarde, encerrado en una cabina de interpretación al más puro estilo Nicole Kidman. ¡Cuánta acción y emoción rebosaría su vida una vez pasados los años de estudiante!

Sin embargo, dejemos a un lado los irrelevantes detalles de la vida de Tradu Panza y vayamos al grano. Eran tiempos en los que Tradu Panza miraba con admiración a sus profesores, pozos de sabiduría, y se tomaba en serio todos y cada uno de los encargos de traducción que le mandaban como si le fueran mil quinientos euros en ello.

Uno de esos días, le tocó traducir en una de sus asignaturas preferidas un texto ensayístico. Con esta tarea en mente, se sentó en su escritorio y comenzó a hacer lo que más le gustaba. El tema del texto requería documentación, y mucha, ya que en el original aparecían referidos varios autores que habían tratado el tema en torno al cual giraba todo el ensayo. Tradu Panza, por tanto, se armó de todo el conocimiento que había adquirido en la asignatura dedicada a la documentación y comenzó a buscar todos y cada uno de los autores para que su traducción fuera lo más exacta posible.

En estos menesteres andaba cuando, de pronto, encontró algo en el texto original que no cuadraba con la realidad. El autor del ensayo le atribuía un nombre de pila erróneo a otro autor, o al menos era lo que Tradu Panza creía, ya que por más que buscaba el supuesto nombre usado por el autor en San Google, no lograba dar con ningún resultado en el que se relacionara dicho nombre con el tema tratado en el texto. Sí encontraba, sin embargo, referencias a un autor con el mismo apellido, pero con un nombre totalmente distinto, de modo que tampoco había podido ser un fallo de imprenta... ¿Qué hacer?

Tradu Panza no lo dudó y le preguntó al profesor, el cual se mostró incrédulo ante el asunto debido al renombre que el autor tenía en su campo. ¡Era muy difícil que una eminencia cometiera semejante error con el nombre de un colega! Sin embargo, las referencias ahí estaban y el original también... Tradu Panza, en aquella ocasión, decidió respetar el original y reprodujo lo que para él era un error en su traducción, aunque no quedó satisfecho con ello.


Y mi pregunta es... ¿Es el autor un dios todopoderoso que todo lo sabe? ¿O es un simple mortal con el defecto de que puede cometer errores? Ahora Tradu Panza, unos años después, tiene la respuesta. Un traductor puede cometer errores al reproducir, pero un autor también puede cometer errores al escribir. Humanos somos todos y eso no hay quien lo cambie. 

¿Qué solución es, por tanto, la más adecuada en caso de descubrir un fallo de semejante magnitud en un texto que, por otro lado, no es temporal, como un texto en la red, sino que va a salir publicado en un libro y va a quedar grabado para la posteridad? Tradu Panza opta por la solución más fácil, que es decir que la respuesta es relativa y depende de la situación. Sin embargo, ante estos casos lo mejor es hablar directamente con el autor si se tiene la oportunidad. Si ese no es el caso, reproducir el error es la forma más fácil de curarse en salud y escurrir el bulto (oye, es lo que pone el original) aunque también podría considerarse una traición al autor dejándolo en paños menores delante de un público mundial (algo que queda muy feo ante la galería). ¿Notas al pie o un simple [sic]? No si se puede evitar, gracias. En ocasiones podrían llegar a sacarte de un gran aprieto... pero hay que tener en cuenta que no en todos los tipos de traducciones están disponibles. Cambiarlo directamente... Puede que también dependa del tipo de error, pero desde luego es, en opinión de Tradu Panza, la opción menos recomendable. Siempre puede haber sentidos ocultos que se escapan al ojo que todo lo ve del traductor.

¿Y tú, querido lector? ¿Por qué solución te decidirías?

By the way, mientras redactaba esta entrada me he encontrado con este artículo de El Trujamán que habla precisamente de este tema... ¡A leer!